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Desde el final de la Guerra de los Tres Hijos, o Tercera Guerra de Lasirdûm, la esencia de Anthrand ha cambiado drásticamente. La causa fundamental de todos los cambios es que los dioses han caído en lo que se ha llamado “El Segundo Sueño” como consecuencia de las titánicas luchas de poder que mantuvieron durante la contienda y, a raíz de ello, la malla mágica que envolvía el mundo se ha roto violentamente. Esto ha supuesto que en muchas partes de la geografía anthrandia no se hayan producido cambios aparentes mientras que en otros lugares han ocurrido autenticas hecatombes. No obstante y en todas partes, los magos han perdido sus poderes y solo los más poderosos conservan algo de su antigua gloria, apenas unas sombras tenues de su portentoso talento. Los muertos vivientes se consumen poco a poco, carentes de la energía que los mantenía animados, y clérigos y sacerdotes han perdido su finalidad misma en la vida al ser desposeídos de una religión que seguir u ofrecer. Persisten, no obstante, algunos lugares de poder en los que el manto arcano e invisible era más grueso. Aquí, la magia emana de la propia tierra y la vida, si bien se parece más a los tiempos pasados, se ha endurecido, pues este poder no es tan controlable como el que procedía de las deidades dormidas.
En Servinia los campos son igual de fértiles que antaño, y la vida sigue su cuso en la mayoría del continente, aunque con algunas notables excepciones. En Gal-Villiorân por ejemplo, el impacto de esta nueva situación ha pesado más en el ámbito político que en ningún otro. La mayoría de los caballeros, otrota celosos guardianes y protectores de la fe y la justicia, se han abandonado a un estilo de vida que en el mejor de los casos se podría considerar ocioso y esto ha derivado en un aumento de la inseguridad del pueblo llano de todo el imperio (sobre todo en el condado de Wellindorf) y en un progresivo rearme del medio rural que no sucedía desde los tiempos de la Gran Marea Orca. Esto provoca que la legión imperial asuma hoy en día funciones que no le conciernen tradicionalmente y que numerosas bandas mercenarias llenen sus alforjas de oro villiorânio. En Durkania por el contrario y como consecuencia del estilo de vida de sus habitantes, no se han apreciado grandes cambios, lo cual ha propulsado la economía interior del reino hasta prácticamente equipararla con su rival del oeste y convertirla en otra potencia meridional más. Sin duda, la nación servinia civilizada que más ha sufrido la nueva marcha de los dioses ha sido Tath-Nathren. En su longeva existencia, los elfos se acostumbraron a un modo de vida que dependía en exceso de la magia, y cuando sus maestros arcanos se vieron desposeídos de su poder, el imperio estuvo a punto de sumirse en el más absoluto caos. Solo una nueva y rápida actuación de la Guardia Argéntea evito el desastre. Lo que no han podido evitar estos maestros de la espada es la lenta pero inexorable espiral de decadencia en la que se ve actualmente inmerso su otrora gloriosa nación, tan desunida hoy día que hace pensar en la posibilidad de una nueva guerra civil. Mas allá del mar, en Ehfarin, también se han producido algunos cambios de importancia, aunque muy amortiguados por el ateismo generalizado en las Ciudades Mercantes de Sivonia y la poca dependencia teológica imperantes en el Imperio de Timar y la poca población que habita Luaviah.
En Nullandor sin embargo, el impacto ha sido brutal. El Principado Muerto de Senovar, por ejemplo, se desmorona lentamente y se dice que su legendaria gobernante ha recuperado el miedo a la muerte tras milenios de existencia. El Imperio de Joarran ha experimentado cambios significativos. Mientras varias facciones familiares proponen invadir Senovar, el Culto evita darles su apoyo puesto que no disponen de la bendición de los dioses oscuros. Esta situación esta provocando una escalada de violencia encubierta que amenaza con provocar una guerra interna entre ciertas familias. Y al noreste del Continente Negro, en las Costas de los Demonios, todo se ha reducido a una gigantesca extensión de páramo yermo y helado deshabitado al romperse el vinculo que ligaba los infiernos al volcán llamado Boca de Salovar. Algunos orcos y trasgos errantes intentan colonizar ciertas zonas, pero sus conatos suelen acabar en luchas internas entre representantes de familias o incluso en el canibalismo, por lo que dichos colonos se parecen cada vez más a sus salvajes antepasados.
Así pues, Anthrand esta cambiando, pero esto no tiene por que ser malo para todos sus habitantes. Muchos aventureros aguerridos y hábiles políticos están escalando posiciones a un ritmo vertiginoso o simplemente han aprovechado la situación para enriquecerse hasta límites insospechados.”
Para su señoría, el ilustre historiador Derron Banuansidun, antiguo Escriba Imperia
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